Lo único que puede limpiar nuestra conciencia

Aquí estamos en la era moderna —la era de
Internet, los teléfonos inteligentes, los
viajes al espacio y los trasplantes de corazón—,
y nuestros problemas siguen siendo, en esencia,
los mismos de siempre: nuestra conciencia nos
condena y nos hace sentir que no somos aceptos
delante de Dios. Estamos separados de Dios.

Podemos cortar nuestro propio cuerpo, arrojar a
nuestros hijos en un río sagrado, dar millones
de dólares a obras de beneficencia, servir en un
comedor comunitario, cumplir cien penitencias
distintas o infligirnos cien tipos de heridas, y
el resultado será el mismo: la mancha permanece
y la muerte nos aterra.

Sabemos que nuestra conciencia está corrompida,
no por elementos externos como por tocar un
cadáver, un lienzo sucio o una porción de cerdo.
Jesús dijo que lo que contamina es lo que sale del
hombre, no lo que entra en él (Marcos 7:15-23).
Estamos contaminados por actitudes como el orgullo,
la autocompasión, la amargura, la lujuria, la
envidia, los celos, la codicia, la apatía y el temor.

La única solución en esta era moderna, como para
cualquier otra época, es la sangre de Cristo.
Cuando nuestra conciencia se levanta y nos condena,
¿adónde iremos? Hebreos 9:14 nos da la respuesta:
a Cristo.

Volvamos la mirada a la sangre de Cristo.
Volvámonos al único agente limpiador en todo el
universo que nos puede dar alivio en vida y paz
en la muerte..

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