En qué cimentar nuestra vida

Probémonos a nosotros mismos. ¿Cómo pensamos?
¿Empezamos por Dios y su ley y sus objetivos?
¿O empezamos por nosotros mismos y nuestros
derechos y nuestros deseos?

Cuando miramos hacia la muerte de Cristo, ¿qué
sucede? ¿Será que nuestro gozo en realidad
proviene de convertir esta asombrosa obra divina
en un incentivo para nuestra autoestima? ¿O será
que la cruz nos lleva a mirar afuera de uno
mismo y nos llena de asombro y reverencia y alabanza,
porque en la muerte de Cristo se halla la
declaración más clara y profunda de la infinita
estima que Dios tiene por su gloria y por su Hijo?

Aquí encontramos un fundamento, importante y
objetivo, para asegurar plenamente nuestra
esperanza: el perdón de los pecados se basa, en
última instancia, no en mi valor o en mi trabajo
finito, sino en el valor infinito de la justicia
de Dios en el férreo compromiso de Dios con la
preservación y la vindicación de la gloria de su
nombre.

Les ruego de todo corazón que asienten su posición
en esta garantía. Basemos nuestra vida en ella.
Cimentemos nuestra esperanza en ella. Así seremos
libres del vano modo de pensar del mundo, y nunca
caeremos.

Cuando la exaltación de Dios de sí mismo en Cristo
se vuelve nuestro gozo, esto no puede fallar.

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