A la espera de que el Señor renueve nuestras fuerzas: Reflexiones sobre el agotamiento pastoral

«Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (Is 40:31).

«Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte» (2 Co 1:8-9, LBLA).

Lo que llamamos «agotamiento» es la experiencia de un desgaste tan profundo que nuestras capacidades habituales para poder resistir, recuperarnos y mantenernos firmes, confiados y perseverantes ya no son suficientes. El agotamiento significa que algo muy profundo se derrumba y no podemos seguir adelante. Los pastores entendemos el agotamiento, y no solo en la vida de los demás, sino en la nuestra.

Dos textos

¿Cómo trata la Biblia el tema del agotamiento?

Isaías 40:31 nos promete el poder sustentador de Dios. Pero Isaías 40:31 no tiene la intención de describir cada momento concreto de nuestras vidas, sino asegurarnos la trayectoria general de nuestras vidas. El versículo inmediatamente anterior, el 30, describe el agotamiento de los fuertes: «Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen». Obviamente, ese versículo no dice que los jóvenes no experimenten más que cansancio y agotamiento. Está diciendo que, a pesar de su incansable vigor, hasta ellos se derrumban por el agotamiento en algunos momentos del camino. Es una observación general, y es indiscutiblemente cierta.

El versículo 31 hace lo mismo, pero desde la otra perspectiva. Aquellos que esperan en el Señor se convertirán, a pesar de su debilidad, en una prueba viviente del asombroso poder de Dios para sostener y renovar. Pero no se nos da ninguna garantía de que los que esperan en él (versículo 31) no experimenten también el agotamiento (versículo 30).

Tenemos todo el derecho a incluir en nuestra idea de la experiencia cristiana normal no solo el poder sustentador del Señor como narrativa general, sino también la experiencia paralizante del agotamiento ocasional.

Otro pasaje, 2 Corintios 1:8-9, encaja de manera significativa en el marco de lo que nos asegura Isaías 40:31. De hecho, el sufrimiento de Pablo hace que esa seguridad sea aún más significativa. Pablo no estaba huyendo del Señor ni descuidando al Señor. Tenía sus devociones diarias, vivía por fe, etc. Pero incluso este fiel pastor se dio de bruces contra el muro de las limitaciones y la derrota.

El agotamiento y el poder de Dios

Y lo mismo ocurre hoy en día. Los pastores fieles pueden verse abatidos por la intensidad del ministerio, hasta el punto de darse por vencidos y renunciar a la vida misma. Pero, mientras esperen en el Señor, esos mismos pastores abatidos serán renovados por su gracia.

Por lo tanto, si un pastor fiel experimenta agotamiento, no es necesariamente una prueba incriminatoria. Dios está convirtiendo a ese pastor en una prueba viviente de que «Dios resucita a los muertos» (2 Co 1:9). Es lo que la congregación del pastor necesita ver en él: no solo el poder de Dios que lo sostiene en el flujo normal del ministerio, sino también el poder de Dios que lo resucita de los momentos extremos de derrota. Hasta eso es un ministerio pastoral para las personas que necesitan esperanza cuando la vida es imposible.

Un testimonio personal

Hace algunos años, pasé por una catástrofe ministerial que me sacudió hasta lo más profundo. Durante ese episodio, un pensamiento se me venía a la mente: «Toda tu vida has creído que Dios te ama. Pero mira los escombros a los que se ha reducido tu ministerio. Tal vez la realidad de tu existencia sea todo lo contrario. Tal vez Dios te odie a muerte».

Finalmente me di cuenta, por gracia, que tenía razón al principio: Dios realmente me amaba. Pero antes de llegar a esa convicción, hubo muchas noches en las que me despertaba alrededor de las 3:00 de la mañana, exhausto pero incapaz de dormir. Así que me levantaba, hacía café, leía la Biblia y clamaba a Dios. Era todo lo que tenía. Y él me ayudó a superarlo.

De hecho, al final terminé estando mejor que antes, porque ya tenía algo que decir sobre el poder de Dios para resucitar a los muertos.

El propósito de Dios para nosotros los pastores no es que nunca toquemos fondo. El propósito de Dios para nosotros los pastores es que, cuando toquemos fondo, nos encontremos a Dios esperándonos allí abajo con una gracia más profunda «para hacer vivir el espíritu de los humildes» (Is 57:15).

Conclusión

Hace poco encontré un artículo acerca de la oración que escribió mi padre para la revista HIS  [la revista de Inter-Varsity Christian Fellowship] hace cincuenta años. El título de su artículo resume la oración de forma así de sencilla y así de práctica: «¡Ve a Dios y espera en él!». Si estás agotado, sobrecargado más allá de tus fuerzas, de modo que te sientas desesperado en cuanto a la vida misma, mi consejo para ti es precisamente ese: ve a Dios y espera en él. Ten por seguro que él te sostiene. Él renovará tus fuerzas, y tu ministerio será más profundo que nunca.

Ray Ortlund

Ray Ortlund

Ray Ortlund es presidente de Ministerios de Renovación y miembro del consejo de la Coalición del Evangelio. Fundó la Iglesia Immanuel en Nashville, Tennessee, y ahora sirve desde Immanuel como Pastor a los Pastores.